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domingo, 3 de julio de 2011

Magia inútil (gracias Yeli, lo vi en tu blog)

Excusas pobres,
si la magia se muestra esquiva.
Tengo que soñar como sueñan las crédulas,
en un afán perceptible de encontrar sobre nuestro lecho,
aquello que se nos repite mientras dormimos.

Llámame desvergonzada,
insúltame de las mil maneras que tú sabes.
Dará igual,
porque te deseo
entre todos los pliegues de mis noches desencantadas,
y te llevo a una lujuria
que solo con amor se pintaría bonita.
Me seducen los colores intensos,
las miradas de ese tono...
Y que me aprietes contra tu cuerpo.
Quiero hacer esas cosas que dije que no haría,
ya que la tristeza nunca supo ser mi hada madrina,
y solo me cumple deseos castos.

Magia inútil.

Extenderé esta incitación al sexo que tú siempre me provocas,
y no seré dueña de quietudes calladas.
Te diré que soy un cuerpo ansioso del tuyo,
condicionado por tu ausencia
y por este calor que me compulsa,
soy una doctrina,
que acontece ante un público condenado a la quietud.

Como sucede a la porcelana
y a las figuras de plomo,
que ofrecen su falta de movimiento todo el tiempo,
y lo demás es naturalidad que se expande,
como hacen algunos universos de otras galaxias.

De donde emanan los mares se vienen los cestos de sal,
listos para mezclarse entre todo el agua que los reclama.
A veces siento que nada es justo,
ni siquiera lo que divide a las cosas entre sosas y saladas.
Si tuviese sobre mí al águila de la fe,
con sus alas extendidas,
protegiéndome de una luz solar que solo sabe quemar,
diría en voz muy alta,
que esa fe no es católica,
ni de ninguna religión.
Es fe solo de ti,
de encontrarte y tenerte conmigo.
De poder gastar minutos como si fuesen cubos de agua,
regando al amor y sus camelos,
a sus camas de acogida y a las puertas que los cobijan.

Reconozco el pequeño fraude de los encantos adiestrados para convencer,
y las similitudes entre los seres acólitos de esa práctica.
Me he roto la vida para ver el tétano de sus huesos,
para saber cómo es la sabia de mi árbol de vivencias.
Hago pequeñas curas sobre este milagro de poder moverme
y tener alma propia,
porque hay ganas de regresar a los vínculos del bienestar,
y demasiado bien sabemos que todas las fracturas y dolencias...
Se convierten en limitaciones y dolores.

Quiero creer en las luces de occidente,
y caminar hacia donde Venus brilla incansable.

La magia ya no importa,
pensará todo aquel que haya llorado.
No se ha de creer en lo que nos deja llorar,
y la magia lo hace como si fuese desamor.

¿De quién ha de ser el dolor cuando cae entre mil personas,
y todos pueden elegir entre aceptarlo en su ser o simplemente ignorarlo?.

Ocurren los desasosiegos,
las decepciones y los olvidos del afecto,
y cuando un dolor de este temperamento te nace dentro,
no se puede rechazarlo ni enviarlo fuera.
Ciertos dolores son demasiado personalizados...
Y hay que sufrirlos.
Que se vaya la magia,
e intente aprender a mirar un rostro tras la ruptura,
porque no tiene nada que sirva de alivio...
Y si de mofa suave.
Solo sirve llorar el desazón,
y sentir las únicas llamas que no necesitan temperatura,
ni oxígeno,
y tan solo el combustible de amar aún... A quien ya no está.

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